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Estado de México, Mexico

martes, 10 de junio de 2008

¡ Esto es Lucha Libre !

La columna de Jesús Silva “Inteligencia Decibélica”

Durante 41 años la Arena Adolfo López Mateos ha sido el punto de encuentro entre los más fervientes admiradores de los grandes ídolos de la lucha libre de México, Japón y Estados Unidos. Sin embargo, en Tlalnepantla ha habido lucha libre desde hace 45 años, y es que Don Héctor Guzmán Chávez tuvo desde entonces el acierto de presentar éste deporte espectáculo en la “Tierra de en medio”, que es el significado del nombre del municipio en Nahuátl.

Han sido generaciones enteras, quienes han vivido al máximo las emociones que se generan en una función con ejecuciones de primer nivel. Tuve oportunidad de visitar por primera vez la López, a finales de la década de los 80, cuando eran presentados los estelares de la televisión como: Atlantis, Ángel Azteca, Justiciero, Satánico, Octagón y muchos más.

Eran impresionantes los llenos que semana a semana registraba el local más tradicional del Estado de México, no cabía ni medio alfiler más, y eso que entonces la Arena contaba con gradas en los cuatro lados, en tiempos en los que aún se utilizaba el cuadrilátero que permanece a nivel del piso, pues cuenta con un mecanismo hidráulico que hace descender la plataforma para cuando era necesario usar el espacio por completo para otro tipo de eventos.

Ese ring, fue diseñado para luchadores de los que hoy en día escasean, pues no solo la preparación de los mismos era mucho más entera y recia, sino que además los encordados de antaño no contaban aún con los sistemas de suspensión como los de la actualidad, lo que hacía mucho más duro y doloroso el contacto con la lona. Además las cuerdas no eran de acero sino de soga y sin forro. Los postes eran de madera y el piso de duela, pero sin que haya sido flexible, era totalmente rígido.

No estoy demeritando el trabajo de mis compañeros, nunca lo haría. Lo que digo es que la lucha libre antigua permitía apreciar más la fuerza que la espectacularidad, de ahí que los luchadores veteranos conserven su porte y su estilo, pues traen consigo una escuela distinta, de altísimo rendimiento.

Cuando era el niño de la casa, mi papá me llevaba al Gimnasio Benito Juárez, ubicado en el Centro de Cuautitlán de Romero Rubio, pues ahí podíamos ver a los grandes del Toreo cuatrocaminero como los Brazos y los Villanos, así como los Diabólicos.

Sólo que algún miércoles visitando el parque de la Diana Cazadora en pleno centro de Tlalnepantla, escuchamos al carro de sonido, un Datsun 67, que para 1987 ya se le notaban los estragos de dos décadas de andar por las calles Mexiquenses, el cual además del chofer, traía a un copiloto que entusiasta leía y re-leía el programa de esa noche en la que figuraban al menos 12 súper estrellas a quienes el sábado anterior a la media noche había visto a través de la TV justo después del box y los toros junto a mi papá que me acababa de llamar la atención al presentarle mi boleta con un espantoso 6 en conducta, por haberle contestado a la maestra de “Moral”.

Con toda honestidad y sin el afán de elogiar por conveniencia, debo decir que no había visto tal entorno luchístico como el que encontré en la López Mateos, pues he apreciado desde hace 21 años, que es precisamente ahí donde los luchadores se entregan con una actitud prácticamente suicida y el público que los admira, se les entrega de igual manera, pues siendo aficionados exigentes, suelen ser muy generosos con los gladiadores.

En el 87 no me imagine que dos décadas después mi voz serviría para vestir las presentaciones de los rudos y técnicos, mini-estrellas, mujeres y hasta exóticos. Pues si alguien me lo hubiera dicho, desde mucho antes me hubiese preparado para ingresar a éste fantástico mundo, en donde todos tenemos por lo menos un súper héroe de carne y hueso, del que sufrimos las derrotas y lesiones y al que celebramos en cada uno de sus triunfos.

Sí, solo son dos décadas de las más de cuatro escritas en la historia, pero aún con haberme perdido la primera etapa, en los años que estuve únicamente como aficionado y en los que llevo como Voz Oficial de AULL he podido comprobar que la lucha libre es mucho más de lo que se ve sobre el ring, pues si bien en mis primeros años veneraba al Matemático, después a los Villanos y recientemente a La Auténtica Parka, hoy me he dado cuenta de que ellos y todos, son personas con mucho más contenido que el que esconden tras sus máscaras, y con mis compañeros de Alianza me siento en Familia, pues desde los directivos, el personal técnico y todos los luchadores, son gente de bien y con muchos valores.

La lucha libre es la mejor terapia anti-stress, la lucha libre es un cúmulo de sinceridad en donde todos podemos expresar lo que sentimos, la lucha libre es y será el núcleo social que no admite diferencias, pues todos los que vamos, lo hacemos para el mismo doble fin, tener un favorito y olvidarnos de nuestra vida rutinaria cargada de presiones y contratiempos.

Espero que con el tiempo, cada vez haya más personas que se involucren en el mágico universo que nos ofrece la lucha libre, pues en cuanto a mí respecta, he obtenido más de lo esperado.


Jesús Silva Hernández es la Voz Oficial de AULL e IWG.